Los Lapones
Traemos la historia del pueblo de los Lapones, según lo contó Douglas Liversidge (traducción de Juan Blanco Catala) en el libro Maravillas del Mundo Blanco. Editado en Valencia en 1975. En la editorial Más – Ivars.
El relato es transcripción del escrito traducido de Liversidge.
LOS LAPONES
Uno de los pueblos polares de mayor colorido no pertenece ni a los mongoles ni a las actuales razas europeas. Su árbol genealógico es muy largo y se remonta a razas anteriores a las de los actuales europeos.
Aunque siempre fueron descritos como habitantes de Laponia, nunca han tenido suficientes características peculiares para tener un gobierno o un país propio. Su lugar de residencia es todavía casi imposible de delimitar con precisión: se extiende desde Noruega, por encima de Suecia y Finlandia, hasta la Península de Kola, en Rusia. El camino que emprenden sus renos se encuentra sobre los límites entre Suecia y Noruega, y en relación con esto, estos dos países han suscrito un convenio por el cual los lapones pueden moverse libremente arriba y abajo, de modo que nada se oponga a su tradicional modo de vivir hasta la fecha.

En cuanto a número de personas el pueblo lapón es más pequeño que el de los esquimales: algo más de treinta mil individuos. Dos tercios de los cuales viven en la zona de Vidda, Noruega. Estos pueblos, conocidos con el sobrenombre de pueblos de los pantanos son de gran colorido, principalmente a causa de su tradicional traje de cuero: sus llamativos ” bonetes de los cuatro vientos”, sus pantalones de piel de reno, su calzado tejido de mimbres y su túnica azul, recogida en cinturón y adornada con franjas de colores.
Un nombre adecuado sería el de “pueblo de los renos”, porque este animal les suministra carne, leche y pieles para sus vestidos y para hacer sus viviendas o tiendas. El reno ha sido durante miles de años el eje y la espina dorsal de su economía. Al igual que los caribús, también los renos se dirigen hacia el norte, después de haber invernado en los bosques meridionales. La familia lapona sigue a las manadas de renos en su peregrinación, y con ello no hacen sino continuar sus antiquísimas tradiciones. Se desplazan con “esquíes”- afirmándose que fueron los lapones sus inventores, o con trineos arrastrados por renos. Cuando se detienen en un lugar, habitan en tiendas cubiertas con materiales especiales o con pieles de reno. Cada propietario recorta sus marcas personales en las orejas de las bestias, a fin de poder reconocerlas cuando en el otoño regresen los rebaños hacia los pastos de los terrenos más llanos. Cuando los animales andan pastando por estos lugares, cada familia recoge los suyos con lazo.
Las uniones y casamientos con noruegos, finlandeses, suecos y rusos, son motivo para ir variando estas antiguas costumbres, incluso son causa de que se hayan abandonado totalmente. Algunos lapones más avanzados en la civilización han cambiado la vida de los bosques y la tundra por la vida en la ciudad. Hasta aquellos que continúan adictos a su tradicional modo de vivir suelen ser ya muy pocos y, desde luego, solo son ya los hombres que siguen las manadas de renos, mientras que a los niños se les proporciona la oportunidad de ir a la escuela y educarse.
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