Usos y costumbres de los Mandarines chinos. por el abate Vinzot

    

Nuevamente un artículo publicado en la revista El Semanario Pintoresco, publicada en Madrid en 1854 para tener una visión de cómo vivían y como veían los occidentales las costumbres de otros pueblos y culturas, en esta ocación obra del misionero francés el padre Vinzot, en el que nos da una interpretación de las costumbres chinas; criticándo la acctuación de los mandarines, quienes aprovechandose del su poder abusaban del pueblo que sufría sus injusticias.  

Usos y costumbres de los mandarines chinos

El abate Vinzot, misionero en China, ha publicado en un periódico extranjero los siguientes detalles sobre los usos y costumbres de los mandarines chinos, que creemos serán leídos con mucho interés.

Ssé-Tchonan 20 de agosto de 1853

Hace ya un año que el camino que conduce a Ssé-Tchonan á Canton se halla ocupado por insurgentes, y esta es la razon por que no habreis podido recibir mi carta. Aunque en la actualidad siga la guerra con encarnamiento, el comercio, sin embargo, vuelve á respirar poco á poco; se hace ya el viaje á Conton, y nosotros podemos enviar allá nuestros cristianos, llevar nuestras comisiones y tomar el dinero y demás cosas que nos son enviadas para la propagacion de la fé.

La guerra es aquí terrible, porque los vencedores no dan cuartel á los vencidos, y si no pueden escaparse su muerte es segura. Todos los dias se cuenta que en las provincias vecinas son asesinados los mandarines, y saqueadas las ciudades, y hasta se añade que dentro de poco los insurgentes tomarán posesion de esta provincia. Esto me importaría muy poco por lo que tiene relación comigo: creo que ningun perjuicio seme seguiria, á no ser que se quisieran hacerme comandante, porque después de la guerra con los ingleses en 1840, tienen formado un gran concepto de la capacidad militar de los eurpeos. Pero en realidad nada tengo que temer.

Los cristianos con quieres yo estoy se hallan sobre elevadas montañas, inaccesibles á los ejércitos. Se ven muchos sitios donde no se encuentra camino alguno, y los que hay donde nosotros estamos son muy penosos y muy difíciles de superar. Es seguro que no se pueden transitar con pertrechos de guerra. Además de los difíciles que estos caminos son, se han construido multitud de fortalezas sobre las alturas para guarecerse en ellas en caso de necesidad. Sin embargo, nuestros mandarines, asustados por la proximidad de los insurgentes, procuran reunir todo el dinero posible y lo mandan á un sitio dado, á fin de contar con recursos en caso de huida. Asi es que las crueldades é injusticias que estos tiranos del pueblo ejercen todos los dias, son infinitas.                                                                   

Facilmente podrá tenerse una idea de ellos si se presta atencion á los hechos siguientes: Cuando se llega á reunir una cantidad de dinero es preciso prestársela al mandarin, y si se niega a ello es agarrotado y arrojado en una prision de donde so se pueda salir sino después de haber dado doble cantidad de la que se le habia pedido. Se dice que las leyes son buenas en China; pero ellas son atropelladas y menospreciadas, llegando hasta el caso de prohibir á un particular que tenga la colección en su casa, bajo pena de unos cuantos latigazos ó la multa de algunos cientos de francos.

Cuando uno tiene mala voluntad contra sus vecinos, encuentra mil medios á cual mas segurito para vengarse; pero el mas eficaz es del de acusarles ante el pretor de los mandarines.

Estos pachás chinos se apresuran a enviar sus satélites para prender á los acusados, y no serán puestos en libertad sino después de haber dado una grande suma de dinero. Si por mucha firmeza de carácter rehusan entregar cantidad alguna, al momento son conducidos ante un tribunal donde se les hace poner de rodillas, se les da veinticinco o cincuenta palos, y á después de recibirlos se habla del crimen denunciado por el acusador. Antes de empezar el exámen de la acusacion es preciso pagar adelantado las costas del proceso, por que nunca un mandarin trabaja ni pronuncia una palabra gratuitamente. El acusador y el acusado pagan desde luego las costas por mitad, aunque tendrá que pagarlo todo este último si el primero es pobre y no tiene con que; poco importa para esto que sea inocente y el acusador injusto.

 

 

 

 

 

E

 

 

El año último se arrojó al río una mujer con su niño por haber tenido ciertos disgustos con su marido. Al momento se apresuraron sus parientes á presentarse ante el mandarin y le denunciaron á cincuenta familias ricas de los alrededores, acusándoles, no de haber sido causa del suicidio, sino de no haberle impedido. El mandarin tomó los nombres de los acusados, les hizo prende, agarrotar, y concurrir ante su tribunal. Algunos vivian á media legua del lugar de la catástrofe y no tenian ni el menor conocimiento de ella; pero no por eso lograron ponerse á cubierto de la acusación, y por satisfacer á la justicia se vieron obligados á unirse para aportar una suma de seiscientos francos, que se repartieron entre el mandarin y los parientes de la víctima.

Si alguno muere en nuestra casa ó en sus dependencias, estais obligados á pagar todos los gastos funerales y dar de comer durante tres dias a todos aquellos que vayan á vuestra casa, teniendo ellos el derecho de maltrataros si os negais á dar o que os piden.

Ahorcándose alguno en vuestros árboles ó ahogándose en el rio que pasa cerca de vuestra casa, es una desgracia que os traerá funestas consecuencias, y ella sola basta para reducir á la mendicidad a un propietario que tenga trescientos francos de renta, porque el momento seria acusado de este crimen, y obligado á dar sumas considerables, tanto al mandarin como á los parientes de del suicida. Yo conozco á un rico chino á quien un mendigo amenazó con colgarse de uno de sus árboles, sacándole de este  modo cierta cantidad por evitar el peligro que le amenazaba.

Hace ya cerca de un año que los mandarines han cesado de perseguirnos; de modo que nosotros andamos con libertad y vamos á administrar muchas veces los sacramentos hasta en medio de los paganos. Nos toman por médicos, y no parecen sospechar que ejercemos al mismo tiempo actos de religion.

Después de un año que hace estoy por aquí, entiendo bastante bien la lengua del pais; sin embargo, aun no puedo predicar en público, porque no tengo el acento bastante formado para hacerme comprender. 

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