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Del origen de los velos en España. Por: B. S. Castellanos

 

 

 

La revista El Panorama publicó durante el año 1838, el artículo que insertamos a continuación obra de Basilio Sebastián Castellanos, en el que realiza un estudio del origen de los velos y su presencia en España, el tema es desde luego de candente actualidad, pues la polémica creada en occidente por la presencia del velo islámico en nuestra sociedad está muy en voga, curiosamente este artículo nos permite comprobar que no es algo tan lejano a nosotros como pudiéramos pensar; sino que, por el contrario, ha estado muy presenta en nuestro país y ha conseguido pervivir con formas más discretas que relegan su uso para ocasiones muy concretas, lo que permiten que su utilización no dificulte la convivencia, ni plantee problemas a sus partidarias, como sucede actualmente a las mujeres de confesión islámica que han optado por seguir utilizándolo pese a estar integradas en culturas occidentales. Respetamos la ortografia original como de costumbre

 

 El Origen de los velos en España: Por: B. S. Castellanos

Los velos de las mugeres han denotado á la vez santidad, recato ú honestidad y escándalo. El velo ha sido adorno de las vírgenes consagradas á los falsos dioses en las naciones idólatras, egemplo de ellos las vestales, y aun más de las retiradas al claustro desde que la religión cristiana instituyó los monasterios del bellos sexo, al cual llamó Rodríguez: <velo de continencia y observancia>. Han manifestado dolor en todos los tiempos, pues vemos en los monumentos cubiertas con él las cabezas de los que les sentian en su alma; y alegria nupcial porque es el sello que autoria en la parte religiosa el contrato matrimonial aun en nuestro dias, y en fin ha sido y es presa de la moda, que bajo formas tan variadas como sus caprichos, se ha servicio de él para cuantos usos le han sugerido y sugiere su inconstancia. Reservándonos, para otro artículo, el hablar de él en las naciones primitivas y de su origen, y concretándonos á nuestra España, señor del gracioso trapo cuyo garboso manejo reservó Dios á nuestras airosas paisanas, que saben hacer con él resaltar las gracias que forman su carácter y dar nuevos atractivos á su hermosura; daremos a conocer su origen en esta nacion hasta nuestros dias en que triunfaran los velos y mantillas a pesar de la empeñada pugna que contra tocado tan airoso hostie el frio sombrero transpirenaico, que a pasar de su elegancia es solo para las francesas é inglesas con cuyo carácter se asocia mas que con el de nuestras españolas. No quiero decir con esto que nuestras amables paisanas no sepan llevar un sombrero que con el velo fue en otro tiempo un tocado peculiar de las castellanas y muy usado por las andaluzas, lo que probaré en otro artículo, sino porque les está mejor el velo que es en ellas bandera que vá publicando sus bellezas, y bajo la que alista numerosos corazones que conquistan con sus encantos.

Entre los muchos libros que he leído encontré en Estrabon el siguiente periodo el que parece tomó el Artemidoro y el que me ha dado márgen á escribir este artículo. <Las españolas, dice, traen al cuello unas ajorcas, ó adornos de hierro como cuervos que subiendo arriba, vuelven sus puntas sobre lo alto de la cabeza y salen algo sobre la frente. Sobre estos cuervos, cuando quieren, cuelgan un velo que tendido les hace sombra y cubre el rostro, y esto les es de gala y adorno> Esta version que es la de Xilandro y Casaubono, la que copió Pinelo, y poco mas ó menos la misma que hicieron Tifernate, Quarino y Heresbaquio que fueron los que la tradujeron del griego, denota lo antigua que es la costumbre de los velos en España, puesto que ya la vemos citada en Estrabon.

Que las españolas usaron el velo en tiempo de la dominación romana, se concibe fácilmente atendiendo a que los trajes de la señora del mundo fueron los nuestros como los vemos en los monumentos, y cuando estos no existen en otro género el erudito agustino Enrique Florez, en su obra sobre las medallas españolas, nos presenta en la lámina primera del tomo primero un denario de la familia Postumia en la que se representa á España en figura de mujer cubierta la cabeza con velo ó mantilla con la leyenda HISPANia.

Nada puede decirse del tiempo de los primitivos godos, época tan obscura como fue grande su ignorancia; pero del que le sucedió es decir, de el de la dominación agarena, puede asegurarse su  uso con datos incontestables. En esta época las sarracenas le tenian como ley de su religion y las españolas cristianas, observaban el precepto de san Pablo que dice que las mugeres deben cubrirse para que teniéndolas por moras los musulmanes, no las importunasen y persiguiesen.

El P. Roa, Ambrosio de Morales y otros muchos escritores pueden servir de autoridad pues dicen al referir el martirio de las santas vírgenes cordovesas Sabigota y Liliosa, en el siglo IX que a fin de ser tenidas por cristianas, y padecer como tales, fueron á la iglesia con los rostros descubiertos para ser conocidas de todos; si la costumbre hubiera sido el andar las cristianas sin velos, esto no hubiera chocado y nadie hubiera hecho caso. 

En el siglo IX hasta el XII según tres citas que tradujo el señor de Gayangos en un M. S. árabe, las señoras cristianas españolas usaban un velo de tela fina, y cuando no se cubrian con él, en cuyo caso tapaban el tocado en el que iba prendido, y todo el cuerpo al menos hasta la migad, le llevaban tendido a la espalda ó airosamente echado sobre hombro, cuya moda dice el M. S. árabe era peculiar de las castellanas de Leon y de Burgos. Añade, que en la propia época la gente vulgar y del campo llevaba en la cabeza un pedazo de tela redondo por detrás hasta la cintura que le caia por los lados, con cuyas caidas se tapaban cuando no querian ser vistas, que es la mantilla que esta gente de nuestras provincias, en que las costumbres son eternas, han conservado hasta hoy.

En lo antiguo llevaron las españolas el velo de dos clases, una que les cubria el rostro enteramente y la otra que les dejaba descubierto un ojo y parte del rostro, al que se llamaba tapado, y el cual era el velo que mas se asemejaba á las actuales mantillas con las que pueden taparse del todo ó en parte, si bien era muy largo. La mayor parte de las mugeres orientales, entre ellas las hebreas, no se desdeñaron de esta costumbre como se lee en Exequiel y en el libro de los cantares, de la cual usaron tambien las romanas, pues según Cornelio Tacito Popea Sabina salia con el rostro medio cubierto con el velo, lo que reprende san Geronimo cuando dice: <que las romanas apenas descubrian uno de los ojos entre el velo>. Juan Perez, arcipreste de santa Justa de Toledo dice que Miramamolin prohibió a los árabes que vinieron á la conquista de España el traer mugeres, y que ellas vinieron en traje de hombres, las cuales para quedar en Andalucia adoptaron los trages de las cristianas mozarabes que eran mantas por estilo de sus almalafas. El mismo arcipreste dice tambien que las españolas nobles usaron el trage gótico y las de la plebe el árabe, diciendo con relacion á las de Toledo de su tiempo, que era por el año 1130, entre otras cosas, que traían en la cabeza mitras pequeñas (rodetes) palios ó mantos que eran las almalafas árabes que, según Pinelo, no eran otra cosa que los Teristros antiguos con él que se cubrían el rostro las mugeres antiguas. Las españolas entraron en la moda inmediatamente de las almalafas convirtiéndolas en mantos, si bien estos fueron mas largos y de color negro.

 Juan de la Puente en su libro de la conveniencia de las dos monarquias dice: <De las árabes tomaron las mugeres españolas el taparse de medio ojo por lo que las alaba Tertuliano.> He aquí introducido el tapado, costumbre que concluyó del todo en España en el siglo XVII, habiendose usado en la Península aun despues de la dominacion de los árabes como voy a probar.

Dando, despues de la conquista de Aragon y de Valencia, el rey don Jaime el decreto para que los moros saliesen de su reino ó se bautizasen, mandando que los que se hiciesen cristianos dejasen el trage morisco, los árabes acostumbrados á cubrirse con sus alafas ó sindiques como se llaman en latin, al vestirse á la española las convirtieron en mantos negros, tapándose con ellos como hacian con aquellas.

Cuando conquistaron los reyes católicos á Granada mandaron lo que el rey don Jaime, y los moros que se hicieron cristianos abandonaron el trage, si bien no del todo hasta que repitió el mandato la reina doña Juana en 1521, según Luis del Marmol y fray Jaime Bleda. En todos estos primitivos mandatos, lo mismo que en el de Carlos I, se les manda a las moras usen sayos y mantos como cristianas, á escepcion de la real cédula de 1526, citada en la historia de Granada, que dice: <Que las moriscas no traigan almalafas, ni sábanas, ni las cristianas viejas anden tapadas>, cosa que prueba que las españolas tambien se cubrian. Robustece infinitamente esta prueba lo que dijeron los moriscos de Granada al presidente por medio de Francisco Nuñez Muley, oponiéndose á dicha ley, lo que según Bleda fue entre otras cosas: <que en esto de taparse las caras persuadia á las mugeres san Vicente Ferrer: que por esta y por otras razones mandó el rey católico que ningun cristiano descubriese el rostro á morisca que fuese por la calle so graves penas> y concluia: <siendo esto asi, y no habiendo ofensas en contra de la fé, por qué han de ser los naturales molestados sobre el cubrir o descubrir del rostro de sus mugeres…?> Los árabes pudieron ir transigiendo con la ley hasta el terrible é inhumano

decreto de Felipe II publicado en Granada en 1566 que preparó otro mas atroz todavía. Desde esta época las árabes vistieron basquiñas y mantos y empezaron á taparse con estos de medio ojo asi como tales hacian con las almalafas. Afectas las españolas, de muy antiguo, á cuando aumente su gachoneria, echaron de ver que las moras tapadas iban con los mantos manejados de aquel modo mas garbosas, y que se llevaban con su hermoso ojo la atención de sus galantes caballeros, tomaron por moda el tapado y se confundieron con las moras en un trage que les proporcionaba diarias conquistas, de suerte que en 1567 se introdujo el tapado enteramente en España á escepcion de Navarra y de las provincias vascongadas, en las cuales no se estiló en lo antiguo cubrirse la cabeza y menos el rostro, costumbre que conserva hasta hoy la clase del pueblo que es siempre como queda dicho lo que perpetúa mas las costumbres.

Se llegó á abusar del tapado hasta tal unto que se trató ya de su prohibición en las cortes de Madrid de 1586, y en el de 90, se publicó una ley, que fue la primera, la cual se reprodujo en las dadas en 94, en 1600 que se añadió la Recopilacion en 1610, y en fin la de 1639 en la que se prohibió el velo enteramente bajo terribles penas.

El velo fue uno de los motivos de la revolucion de los moriscos de Granada, pues don Hernando Valor el Zaguer, al que llamaron Abanjaguar cuando le eligieron rey, les dijo en la alocucion que les echó en el Albaicin la que causó su conjuracion: <Van nuestras mugeres, nuestras hijas cubiertas las caras, ellas mesmas á servirse y traer lo necesario para sus casas, mandándolas descubrir el rostro, si son vistas, codiciadas y aun requeridas, veránse quien son las que dieron ocasiones al atrevimiento de los mozos y viejos.> Don Diego de Mendoza afirma tambien que la prohibición de los velos fue causa de la revolucion de los moriscos.

Nuestros apreciables autores dramáticos del siglo XVI y XVII, en particular Lope, Calderon y Moreto, se valieron de la costumbre de los velos en sus comedias para graciosas escenas, siendo el tapado causa principal de algunas piezas, asordándosenos en este instante la del Escondido y la Tapada, que es composicion ingeniosísima. En Portugal el uso de taparse el rostro las mugeres con el velo hasta la cintura, data de las mismas fechas que dejamos indicado, pues sus maridos y padres, tan celosos  como los moros, las hicieron conservar todo lo posible una costumbre que tanto se adapta á su genio. A pesar de la ilustración, á lo que hemos visto en algunos, no se hallan curados enteramente, los naturales de dicha nacion, de tal enfermedad, y resistiéndose de ella, sus mugeres disfrutan menos satisfacciones que las nuestras.

En fin, el uso del velo y de taparse el rostro con él, estuvo suspenso en España desde 1639 hasta fines del XVIII, en que le introdujo otra vez la dinastia francesa, mas tolerante en esta materia, si no como manto para cubrirse el rostro como adorno del tocado; pero conforme fue andando el siglo las españolas fueron burlando una ley y algun tanto ridícula ya, y añadiendo el velo á sus lisas mantelinas, fue aquel progresando hasta hoy, en que nuestras elegantes, prefiriéndole generalmente al sombrero, hacen de él baterias á cubierto, desde cuyos aereos parapetos rinden nuestros corazones, que quedan vencidos agradablemente desde el momento que alzado sobre la nacarada frente de la vírgen, el velo deja de serlo, y las poderosas baterias se presentan con toda su majestad á asestarnos sus certeros tiros.

Julio 11, 2008 - Publicado por virginiasegui | Antropología, Pueblos y Países | | Aún no hay comentarios

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