Historia de los amuletos


 

 

El 16 de julio de 1854 el Semanario Pintoresco Español, publicaba este artículo en el que un anónimo autor nos relata las costumbres supersticiosas de otros pueblos, haciéndo un recorrido a través de la historia que e interpretándola según su mejor saber y entender, haciendo hincapié en algunos de los usos más peculiares y característicos de estos objetos. Ilustramos el tema con algunas imágenes asociadas al tema y como es costumbre respetamos la ortografía original.

HISTORIA DE LOS AMULETOS

 La palabra amuleto sirve para designar los objetos que se llevan en el pecho, y á los cuales se atribuye la propiedad de librar á la persona que los lleva, bien sea de dolores ó enfermedades, bien de casos desgraciados. De la voz latina amuleta, originariamente aamoleta, que Vossius hace derivar de amoliri (apartar, alejar), es de donde proviene la palabra amuleto.

Cuando una persona naturalmente crédula y supersticiosa se ha librado de un inminente peligro; cuando un dolor que padecía la misma ha desaparecido de repente, ó le ha acaecido algún feliz suceso que le saque del estado de miseria en que se hallaba, rara vez atribuirá su espíritu estos cambios a su verdadera causa. En lugar de ver en ellos el resultado del encadenamiento de circunstancias, el concurso de acontecimientos producidos por la naturaleza se anteriores sucesos, una reacción verificada en la economía en virtud de leyes fisiológicas, creerá, por el contrario, que son consecuencia debidas á causas enteramente extrañas, y atribuirá la producción de estas vicisitudes, á las cuales da su mismo carácter imprevisto cierta apariencia de milagro, á un objeto que en el fondo es completamente indiferente. Cuando se mezclan creencias religiosas, las preocupaciones suelen ser mas arraigadas y mas peligrosas; como que la ignorancia de la causas reales es profunda, y la imaginación pobre de los supersticiosos no alcanza la razon de las cosas, los errores son mas funestos. La creencia en la virtud de los amuletos es una superstición grosera, fruto de la ignorancia de las causas reales, y cuya persistencia es debida á las casualidades que algunas veces parecen confirmar la eficacia de su destino.

El Oriente es la patria de los amuletos, lo mismo que la mayor parte de las creencias que mas fuertemente han dominado el espíritu humano. Los judíos conocían los amuletos con el nombre Tothaphoth. Moisés, con el objeto de destruir esta supersticion de su pueblo, ordenó que se llevasen en la mano ó sobre la frente preceptos escritos de la ley; que se fijasen en los umbrales de las casas y en los pilares de la puertas; sustituyendo de esta suerte una costumbre moral que á todos horas debia recordad á los israelitas los deberes que tenian que cumplir, á una practica supersticiosa. Pero esta costumbre de llevar inscritas en los vestidos sentencias tomadas del Pentateuco (Tephillim, como decian los hebreos), pronto degeneró en una superstición absolutamente semejante á la que Moisés habia querido desterrar; no tardo en atribuirse a los filateros una virtud material é intrínseca, que les transformó en verdaderos amuletos. Las mujeres de los judios llevaban igualmente ciertas alhajas que creian eran preservativos poderosos. Los Lekhaschim, o figuras de serpiente de que habla Isaías, eran de este número, tenian la propiedad de apartar á los malos espíritus y librar de los animales venenosos. En general se suponia por el principio similia similibus, que las imágenes de animales maléficos conjuraban á aquellos animales que representan. La creencia que hacia llevar la serpiente de metal para curar á los que habian sido mordidos por dichos reptiles.

En tiempo de Jesucristo, el uso de los amuletos y de los encantos estaba muy en boga entre los hebreos. Atribuíase a Salomon la composición de algunos de aquellos, que eran considerados como los mas poderosos. El historiador Josefo nos dice que con ellos se conjuraba á los malos espíritus y se preservaba de enfermedades. Semejante superstición provenia evidentemente de los antiguos persas, entre los cuales los tahvids o tahvids hacian el mismo papel que los filateros hebreros. Se les aplicaba asimismo sobre diversas partes del cuerpo para librarse de diferentes males. Lo que nos hace creer esta mejanza es, que los tahvids eran hechos en nombre de Feridoun, rey célebre cuya historia ofrece mas de una analogía con la de Salomon.

 

Los amuletos propiamente hablando, han sido poco usados entre los griegos y romanos. Los primeros algunas veces usaban anillos mágicos para curarse de ciertas enfermedades; empleaban como encantos ó talismanes ciertos objetos, tales como los que cuelgan los herreros de sus chimeneas para apartar la envidia y la malquerencia. Yerbas reputadas mágicas tenian propiedades análogas, y con este motivo ceñian la sien con ellas, como lo recuerda Virgilio en su séptima egloga. Con el mismo objeto se llevaban tambien collares de coral y de ciertas conchas, y colaban al cuello de los niños falos: <Pueris turpicula res in collo quadum suspendebatur, ne quid obsi bonoes scaovoe eausa> dice Varron.

 

 

 Por lo demás, hasta muy tarde no se introdujo entre los griegos y entre los romanos la mayor parte de estas prácticas supersticiosas: en la época imperial es cuando mas particularmente estaban en uso: habian venido en pos del cortejo que acompañó las doctrinas orientales. Los gnósticos, que parecen haber sido los principales corredores de las creencias asiáticas en el Occidente, daban mucha fé á l virtud de los amuletos. En Persia, Syria y en Egipto fué donde se contrajeron tan supersticiosas costumbres. Los cilindros persepolitanos serian probablemente amuletos, lo mismo que las innumerables figuritas que se encuentran en los sepulcros egipcios. Sin duda alguna los israelitas se acostumbraron al uso de los amuletos durante su mansión en la tierra del Faraon.

 

 

Los árabes, a cuya raza pertenecen los hebreos, son estremadamente supersticiones; no solo usan los filateros, como los judíos, y se cubren el cuerpo con sentencias del Corán, sino demás llevan sortijas, piedras preciosas, y mil objetos diversos, que ellos imaginan tienen virtud de curar las enfermedades, arrojar á los demonios y destruir los malos efectos de los encantamientos.

 Los persas componen unos saquitos sumamente pequeños, dentro de los cuales meten sentencias escritas sacadas del Alcorán. Estos amuletos los suelen llevar en el pecho, en cuello y mas comúnmente el brazo. Tambien se los ponen a los animales para preservarlos de maleficios y enfermedades.

 

 

 La mayor parte de los musulmanes de la India tienen en el cuello, en el turbante, en el brazo ó en la muñeca el Ism, palabra sacramental escrita en alguna placa de metal ó pedazo de porcelana ó de papel, ó bien bordada en un trozo de Kumkhwad, seda tejida de flores de oro y plata.

 

Los tártaros, los chinos y los brahamnistas llevan iguales amuletos. Los boudhistas de la isla de Ceylan se aplican en las partes del cuerpo donde sienten dolores, figuras de demonios, y creen firmemente que se cuan con semejantes cataplasmas de nueva especie.

 También los cristianos han adoptado el uso de amuletos. Pudiendo citar los concilios de Laodicea, de Ancira, de Cartago y otros, que prohiben semejantes usos y condenan tales supersticiones. Pero nos concretaremos á decir que la iglesia terminantemente ha dado su parecer sobre este particular.

 

IMÁGENES:

Placa escita. Museo Cernusqui. París

Hei-Tiki. Amuleto de Nueva Zelanda. Col. Vivan Denon du Musée de Marine du Louvre. Paris

Bailarina Mohenjo-daro. Civilización del Valle del Indo. c. 250-1500. Museo Nacional de Nueva Delhi

Músico real con amuletos. Benin

Plato de arcilla con decoración epigráfica: “Bien réfléchir avant d’agir vous preserve des regrets. <Prospérité>”. Samarkanda. s. IX-X. Museo Sevres.

 

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